Inicio / Opinión / Sin Maquillaje / “No hay almuerzo gratis”: una frase de ficción premonitoria

“No hay almuerzo gratis”: una frase de ficción premonitoria

ds almuerzogratis

Síguenos en Google News

No hay lonche gratis, se dice en mi país. Pero la frase no le pertenece a Milton Friedman, el gurú del neoliberalismo y quien la popularizó, sino que es un refrán popular inglés que recogió el escritor de ciencia ficción norteamericano Robert Anson Heinlein. “No existe tal cosa como un almuerzo gratis”. Y aunque Friedman lo utilizó para referirse a los subsidios y demás mecanismos usados en los estados socialistas y en los de bienestar, sin embargo, su significado era otro, bastante distinto, sorprendentemente premonitorio de la situación global actual y –en días en que la elección del papa León XIV, nacionalizado peruano, ha encendido los patriotismos– vinculado al Perú de una manera literalmente fantástica.

La frase se encuentra en uno de los libros más famosos y premiados de este autor, considerado uno de los grandes de la ciencia ficción, La Luna es una cruel amante (The Moon is a Harsh Mistress), publicada entre 1965 y 1966, primero por entregas en la revista Worlds of If, y luego como libro ese mismo 1966 –mi año de nacimiento–, por la editorial G. P. Putnam’s Sons, debido al enorme éxito. Al español tardará en llegar diez años, en 1975.

La historia gira en torno de ciertos habitantes de la Luna que luchan para independizarse de las naciones terrenales y crear una sociedad organizada por pactos entre individuos libres. La rebelión es encabezada por Manuel “Mannie” García O’Kelly-Davis, técnico informático nativo lunar; el ordenador de la Autoridad Luna Holmes IV, “Mike”, inteligencia artificial que adquiere conciencia propia y es aficionada al análisis del humor humano; Wyoming Knott, lideresa del partido revolucionario lunar; y el anarquista e intelectual subversivo Bernardo Paz, un profesor peruano expulsado de Lima hacia la Luna.

Esta sociedad lunar es una colonia de excluidos, una colonia penal. Heinlein reproduce en el espacio exterior la historia tantas veces repetida de los humanos, apropiándose de un territorio y explotándolo para su beneficio. Los colonos-presidiarios deben trabajar sembrando trigo y enviándolo a una Tierra en crisis, empobrecida, gobernada por estados cada vez más represivos, totalitarios, fascistas. Sin embargo, las características que ha ido adquiriendo esta sociedad lunar subyugada a la autoridad terrenal, desafía todos los cánones culturales y morales: aunque hay mucho menos mujeres que hombres, es decididamente matriarcal y poliamorosa, en una atmósfera de gravedad ligera, etérea. El autor consigue construir una realidad ajena, extraña, una civilización nueva.

La rebelión, que se va urdiendo primero silenciosamente y que luego pasa a la abierta subversión y guerra de independencia bajo el liderazgo espiritual del profesor peruano, tendrá un poderoso símbolo: la famosa frase convertida en el acrónimo TANSTAAFL! (There Ain’t No  Such Thing As A Free Lunch!) inscrita en la bandera negra, salpicada de estrellas sobre una franja roja y un cañón dorado, de la nueva sociedad anarquista. Y lo que en realidad significa no es lo que Friedman interpretó desde su neoliberalismo, sino algo muy distinto: que la libertad de unos no debería convertirse jamás en la esclavitud de otros.

Es cierto que Heinlein escribió sus novelas de ciencia ficción desde su anarcolibertarismo o liberalismo radical de raíces estadounidenses, individualista en la línea de Thoureau, peligrosa postura a la que se convierte después de su paso por el socialismo, pero este anarcolibertarismo o liberalismo radical tiene muy poco o nada en común con el que hoy usurpa esas etiquetas, el de los Milei y su ¡viva la libertad carajo!, o los Trump y su MAGA, que únicamente son una coartada para el más rancio conservadurismo con metodologías fascistas y neonazis y para la depredación global.

Si se quieren pruebas, aquí van algunas de las ideas que comparte con sus colegas lunares, el profesor subversivo peruano Bernardo Paz –alter ego de Heinlen–: “Pero al redactar vuestra constitución permitidme que os llame la atención sobre las maravillosas virtudes de la negativa. ¡Acentuad la negativa! Henchid vuestro documento de cosas que el gobierno no pueda hacer nunca. Prohibidle reclutar ejércitos… prohibidle cercenar en lo más mínimo la libertad de prensa, de expresión, de reunión, de religión, de instrucción, de comunicación, de trabajo, de viajar… prohibidle que exija el pago de impuestos involuntarios. Camaradas, si pasarais cinco años estudiando la Historia en busca de más y más cosas que un gobierno tendría que prometer no hacer nunca, y vuestra constitución solo incluyera esas negativas, me sentiría muy satisfecho”.

No es fortuito que este novelista de ciencia ficción haya decidido que su propia voz esté encarnada en un personaje proveniente del Sur global, de aquellos territorios depredados y despreciados del que provienen precisamente las migraciones a las que la administración Norteamericana persigue y deporta hoy hacia campos de concentración disfrazados de penales en El Salvador, y contra las que varios gobiernos de la Unión Europea endurecen sus políticas (anti)migratorias con indisimulado racismo y clasismo, a la par que alientan la irregularidad administrativa para que siga siendo obra de mano barata, en semiesclavitud.

Tampoco es casual que Heinlein haya advertido muy tempranamente que el cariz que tomarían los neofascismos en el mundo futuro sea el de un pseudomoralismo religioso machista, androcéntrico y patriarcal, que hoy desata una campaña global de retrocesos en derechos humanos de las minorías sexuales, de los migrantes y de las mujeres, asociada a lo más voraz del neoliberalismo que predicó Friedman; cuyos ejércitos, como las “Tropas del Espacio” de La Luna es una cruel amante, se ensañan contra los más débiles, asolan territorios, desatan genocidios bajo la mirada complaciente o ausente de los organismos internacionales, como hace en la novela aquella “Federación de Naciones”.

Quizás Heinlein, que falleció todavía en 1988, haya estado de acuerdo después con muchas de las premisas ideológicas del neoliberalismo que vio nacer, pero los pasajes de su obra y los personajes que creó, entre ellos el profesor subversivo peruano Bernardo Paz, tomaron vida propia, y vislumbraron y denunciaron la camaleónica transformación de las sociedades “democráticas” en imperios bárbaros, en tiranías de los grandes poderes económicos que se disputan el mundo grotescamente, codiciosamente, como si fuera una torta. En naciones en que las libertades y el interés por los ciudadanos es papel mojado.

Y a ellos llega el mensaje del TANSTAAFL: ¡No existe tal cosa como un almuerzo gratis! Toda la barbarie que estamos viendo se tendrá que pagar, más tarde o más temprano.

El Heraldo del Perú
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.