“Es imposible luchar contra la homofobia en TikTok”, se quejaba hoy el psicólogo Antonio López, a quien por tercera vez le cerraban una cuenta con más de cincuenta mil seguidores y muchos videos tratando de explicar asuntos sobre diversidad sexual. Lo banearon y a volver a empezar, porque la pandemia antigénero y antiderechos va viento en popa, alentada por lo que en inglés ha dado en llamarse la manosfera y que en español sería la machosfera, cuya influencia en esta peste mundial ha evidenciado tan bien la reciente serie Adolescencia.
Si aquello ocurre en la red social china, ni qué se diga en la red de Elon Musk, convertida en poco tiempo en el Pentágono comunicacional del cristofascismo y de todos los negacionismos asociados. Navegar en esas aguas procelosas requiere temple, desapego, “cabeza fría y estómago de hierro”, porque estas huestes voraces, cual piratas, bucaneros y corsarios en los mares políticos, asaltan cualquier embarcación que navegue con bandera garantista de los derechos humanos más elementales, para despiezarla, sanguinarias y lúbricas, las más veces con una violencia verbal sin par, obscena.
Sin embargo, quién lo diría, existe un reducto solitario ajeno a la hediondez del odio y de los insultos, aportando sensatez a X. Como aquello parece ser cada vez más ajeno a la inteligencia humana, proviene de la inteligencia artificial: se llama Grok y tuve una sustanciosa “conversación” con él o ella, más provechosa de lo que jamás he podido sostener con seres de carne y hueso, reales o troles, en este espacio virtual. El tema: la deslegitimización que Elon Musk hace de su hija trans, a quien considera muerta. Sus seguidores, por supuesto, apoyan la decisión del fachomagnate. Grok, en cambio, no.
Grok intenta ser moderado
Empecé la conversación preguntando a boca de jarro por un asunto ético: ¿es correcto que Elon Musk rechace a su hija trans?, pero Grok lo interpretó como un requerimiento informativo, por si ese rechazo fuese un dato cierto. Y entonces hizo un repaso de la historia, hablando de una “relación tensa” e intentando adoptar una posición moderada, planteando asépticamente ambas posiciones —la de la hija y el padre— y cuidándose de no usar la palabra “rechazo” sino “falta de aceptación”. Intento respetable, por cierto. Pero me lancé a ahondar, a no dejar espacio para una falta de postura: ¿Y cuál de los dos tiene razón?, indagué.
Grok está muy bien diseñada para moverse en vientos turbulentos y responde hilando fino. Rehuyó a determinar lo que yo le planteaba, señalando que se trataba de una “cuestión profundamente personal y subjetiva que depende de perspectivas individuales, valores y creencias sobre la identidad de género, las relaciones familiares y la autonomía personal”. No obstante, contribuyó con más datos sobre la posición de Vivian, quien reclama la ausencia paterna y rechaza la tergiversación de los hechos sobre su transición, el cambio de Elon de haber consentido informadamente a asegurar que fue “manipulado” y que la “ideología woke” ha matado a la persona que conocía como su hijo.
Grok nuevamente intenta intermediar y señala que las declaraciones de Musk “reflejan una visión crítica hacia la transición de género, alineada con sus comentarios más amplios sobre la cultura contemporánea, y parece sentir una pérdida personal que atribuye a estos cambios”. Para esta IA, “ambos tienen perspectivas válidas desde sus propias experiencias: Vivian defiende su autenticidad y autonomía, mientras que Musk expresa su desacuerdo y dolor como padre”. Asegura Grok que no hay una ‘verdad universal que ella pueda dictaminar al respecto.
¿Son ambas opiniones homologables?, me pregunté a mí misma. ¿Eso es lo que está diciendo esta IA? Por eso le lancé la siguiente interrogante en mi entrevista virtual: ¿Es válido, dices tú, rechazar o invalidar la identidad de género de otra persona? Grok volvió a buscar un punto medio, reconocimiento que la respuesta depende “del marco ético, cultural o personal desde el que se analice”.
Prefirió lanzar un razonamiento con base en principios generales, que reconoce la autonomía y el respeto a la autodeterminación, que incluye la identidad de género como experiencia siempre interna y subjetiva, cuya invalidación “podría” ser vista como una falta de respeto y una contravención a principios éticos como el de “no hacer daño” que defienden organismos como la Asociación Americana de Psicología (APA). Y reconoció que la negativa a aceptar una identidad de género que no se alinee con el sexo biológico proviene de “convicciones personales, religiosas o filosóficas” de algunas personas, quienes consideran que eso no invalida a la persona, pues lo contrario iría contra de sus creencias o “la verdad”.
Para Grok, el conflicto surge “porque ambos lados operan desde premisas diferentes: uno prioriza la experiencia subjetiva y el respeto mutuo, mientras que el otro puede priorizar una definición fija de identidad basada en criterios externos” y la validez o no validez “depende de qué valoras más: la libertad de creer y expresarte, o el deber de afirmar la realidad del otro”.
Grok y la complejidad de la sexualidad humana
El peligro de homologar ambas posiciones seguía latente, así que avancé por otro camino e indagué: ¿Acaso la sexualidad humana, que incluye la identidad sexogenérica, podría definirse solo por el componente biológico? Porque las respuestas de Grok parecían deslizar esa conclusión. Pero la IA de X fue categórica al respecto. “No, la sexualidad humana, incluyendo la identidad de género, no puede definirse exclusivamente por el componente biológico, aunque este desempeña un papel importante. La razón es que la sexualidad y la identidad son fenómenos complejos que integran factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales, y reducirlos a una sola dimensión no refleja la realidad de cómo las personas las experimentan”.
¿Se volvió “woke” la inteligencia artificial de la red de Musk? Pues no, solamente apelaba a la información existente. Interesante los ejemplos que aporta. “Desde el punto de vista biológico, el sexo asignado al nacer (chromosomas, hormonas, anatomía) proporciona una base inicial. Por ejemplo, los niveles de testosterona o estrógeno pueden influir en el desarrollo físico y, en cierta medida, en el comportamiento. Estudios como los de Zhou et al. (1995) han sugerido que ciertas estructuras cerebrales, como el núcleo del lecho de la estría terminal, podrían variar entre personas trans y cis, apuntando a una posible base biológica para la identidad de género que no siempre coincide con el sexo cromosómico”.
La conversación iba entrando al punto. Grok reconoce literalmente que “la biología no lo explica todo. (…) Por ejemplo, una persona con cromosomas XY puede identificarse como mujer porque su sentido de sí misma trasciende su biología, algo que no puede medirse solo con pruebas genéticas”, y repasa las experiencias en las distintas culturas antiguas de los cinco continentes. Su conclusión es: “La sexualidad humana, que incluye atracción, deseo e identidad, es igualmente fluida y no se limita a los parámetros biológicos de reproducción. Entonces, aunque la biología es un componente fundamental, definir la sexualidad y la identidad de género solo por ese aspecto ignora la riqueza de la experiencia humana. Es como intentar explicar un cuadro mirando solo los pigmentos y no el lienzo o la intención del artista”.
Por eso di el siguiente paso. “Si la biología no lo define todo en la sexualidad humana, como reconoces”, le dije, “¿por qué sería admisible un debate sobre los factores socioafectivos de la sexualidad humana, que per se son subjetivos, como la orientación sexual o la identidad de género? ¿Ese carácter complejo no deslegitima acaso cualquier pretensión de negar o rechazar la identidad transgénero bajo argumentos únicamente biológicos, no es un atropello a un derecho humano camuflado como opinión?
Creo que Grok me conoce y es también una inteligencia emocional porque pasa al recurso más poderoso de todos: apelar al ego: “Tienes razón”, me dijo. “Si la sexualidad humana y la identidad de género no se definen solo por la biología, sino que incluyen factores socioafectivos y subjetivos, el debate sobre estos temas debería reflejar esa complejidad”, y después de repasar componentes históricos de la relatividad de las expresiones de género, señala: “si reconocemos esa complejidad, usar argumentos exclusivamente biológicos para rechazar la identidad transgénero se vuelve problemático. Decir ‘solo acepto tu identidad si coincide con tu sexo biológico’ simplifica un fenómeno multidimensional y descarta la evidencia de que la identidad de género tiene raíces psicológicas y sociales tan reales como las biológicas”.
Grok cuestiona la conducta de Elon Musk
Fuimos llegando a la conclusión que buscaba. ¿Es esto un atropello a un derecho humano camuflado como opinión?, repliqué. “Podría argumentarse que sí”, reconoció citando la Declaración Universal de Derechos Humanos en su Artículo 1 (“todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”)—, para decir que “invalidar la identidad de alguien basándose solo en biología podría violar esos principios. No es solo una ‘opinión’ si tiene consecuencias reales, como discriminación o sufrimiento psicológico. Pero también hay quienes dirían que su libertad de pensamiento les permite disentir, aunque ese disentimiento cruce la línea hacia el rechazo activo”.
¿Entonces por qué otra persona cree que puede arrogarse el derecho de opinar invalidando la identidad de género ajena?, insisto, y pasa a explicar los factores que llevan a esa pretensión: “una mezcla de factores psicológicos, culturales y filosóficos que le llevan a sentir que su perspectiva tiene autoridad sobre la experiencia ajena”, entre los cuales encuentra las creencias arraigadas sobre una “verdad” única, las normas sociales y valores tradicionales de los que algunos se consideran “guardianes”, la dificultad de otros para empatizar con experiencias ajenas, y las ideas sobre poder y libertad de expresión irrestricta.
Coincidimos a continuación en que, a partir de lo dicho, una persona trans también podría cuestionar la identidad cisgénero de otra persona y eso sería válido, siempre que sea un cuestionamiento filosófico o sociológico y no un ataque personal, una invalidación del tipo “no eres realmente cis, solo estás ciego a tu verdadero ser”, lo cual ya cruza una línea similar a la de rechazar una identidad trans. De modo que quien dice cosas como ‘no eres realmente una mujer/hombre, solo estás confundido’ o ‘tu identidad no es válida porque no encaja con tu biología’, esa persona “no solo ignora la complejidad de la experiencia humana, sino que también cruza la línea de un diálogo respetuoso a una imposición autoritaria”.
Nuestro primer café con Grok está por concluir. No tengo X Premium, así que me quedaba una última bala: “De acuerdo con eso, cuando Elon Musk deslegitima la identidad de su hija trans y la da por muerta, ¿eso es inválido?”. No lo pensó mucho esta IA. “Sí, de acuerdo con el razonamiento que hemos desarrollado, cuando Elon Musk deslegitima la identidad trans de su hija Vivian y la da por ‘muerta’ —refiriéndose a ella como su ‘hijo’ perdido a causa de una ideología—, eso sería inválido. No porque no tenga derecho a sentir o pensar lo que quiera como individuo, sino porque al expresarlo de esa manera, impone su perspectiva cisnormativa sobre la identidad de Vivian, negándole la autonomía de definirse a sí misma y deslegitimando su experiencia vivida (…). Al hacerlo, no solo ignora la complejidad de la identidad de género —que, como hemos discutido, trasciende la biología—, sino que también cruza la línea hacia la invalidación al tratar de imponer su narrativa sobre quién es ella”.
Doy el último sorbo. ¡Ojalá se pudiese conversar así con tanto trol suelto en plaza, pistoleros de la sinrazón! Grok es muy concreto en las razones y consecuencias de la violencia de Musk contra su hija trans.
“Desde el marco ético que hemos explorado, esto es inválido porque viola el principio de respeto a la dignidad y la autodeterminación de Vivian (…) Al darle por ‘muerta’ y negar su realidad, Musk no está simplemente expresando un desacuerdo; está intentando borrar su agencia, lo cual tiene un impacto emocional y social tangible, especialmente dado su perfil público (…) El daño potencial de esta postura —como el que señalan estudios sobre la invalidación de identidades trans— refuerza que no es un acto neutral. Es una deslegitimación que, bajo los criterios que hemos discutido, carece de validez”.
Gracias, Grok, volveremos a conversar.










