Inicio / Opinión / Sin Maquillaje / El mundo ideal de los negacionistas

El mundo ideal de los negacionistas

ds x

Síguenos en Google News

Se denomina negacionismos a todos aquellos movimientos que niegan capítulos vergonzosos y siniestros de la historia contemporánea o rechazan conocimientos científicos ampliamente verificados, con el fin de justificar la reivindicación de ideas reñidas con los derechos humanos o para impedir los avances que se venían produciendo en el camino hacia una mayor humanización de las sociedades. El camino del verdadero progreso, no solamente el material, sino principalmente en el campo de la igualdad y una mayor calidad de vida humana.

Los negacionistas manifiestan una marcada idealización del pasado, al que romantizan de muchas maneras para difundir ideas retrógradas, en pos de retrocesos jurídicos y políticos hacia un estatus de profundas desigualdades. Para ello, cuentan con el escaso o nulo conocimiento de la historia por parte de amplios sectores sociales. Tergiversan los acontecimientos, los retuercen sin ningún empacho, desestiman toda la información verificada que contradice sus postulados, reivindican personajes nefastos; riegan el suelo de los temores con el agua de la desinformación, y a ver qué resulta de eso.

Es un bulo negacionista típico el de asegurar, por ejemplo, que los nazis no eran de derecha y extrema derecha, sino de izquierda socialista y marxista, nada más porque el nombre que usaron era el de “nacional socialistas”, como si eso bastase para establecer semejante absurdo. En España, por ejemplo, los negacionistas suelen señalar que las mujeres vivían mucho mejor en días del franquismo, como si no hubiesen tenido que pedir permiso a sus maridos para trabajar o abrir una cuenta bancaria y como si, en caso de adulterio, no hubiesen sido solo ellas las que debían pagar con la cárcel su “delito”, y nunca los hombres.

En el Perú, los negacionistas se han dedicado a hablar de “ideología de género” al referirse al enfoque de género, que vienen exterminando de todas las formas posibles: en la educación, en materia penal y recientemente en la formación de los funcionarios –entre ellos los que deben atender a las mujeres víctimas de violencia de género–. De esta manera, lo que hacen es negar la realidad de la profunda desigualdad, desprotección y vulnerabilidad que han sufrido y sufren enormes sectores de la población, en especial, las mujeres.

¿Es equiparable el enfoque de género con una supuesta “ideología de género”? En manera alguna. Se puede discutir el contenido del término “género” y las consecuencias de lo que esa definición acarree. Un sector minoritario de los estudios sociales y jurídicos –incluyendo algunas feministas– considera que el género es indesligable de lo biológico, mientras el consenso global señala que ambos conceptos están relacionados, pero no dependen el uno del otro. Sin embargo, en ambos casos, la realidad del género y de las desigualdades sociales no está en discusión, porque es un hecho que existen.

Las estadísticas sobre violencia de género no son un invento. Si bien en las sociedades las principales víctimas de la violencia son los hombres, esto ocurre en manos de hombres, y no en función de su género/sexo, sino porque es su propia dinámica social así lo establece. Los crímenes cometidos de mujeres contra hombres no llegan al 3 por ciento. En cambio, en el caso de las mujeres, más del 80 por ciento de los crímenes de los que son víctimas son cometidos por hombres y al menos el 60 por ciento de esos asesinatos caben en la definición jurídica de feminicidios, al margen de las penas que eso motive.

Lo propio, no son un invento muchas formas de desigualdad social que afectan a las mujeres. Y aquí hablamos específicamente de las llamadas mujeres “biológicas”. Las estadísticas demuestran todas las formas de desigualdad laboral desfavorable hacia ellas, muchas de las cuales superviven desde hace siglos –la brecha salarial, por ejemplo– y pese a que siempre hubo formas en que las mujeres supieron y saben encumbrarse a pesar de las circunstancias adversas; se identifican a través de metáforas como el “techo de cristal” (la dificultad invisible que se les interpone para acceder a puestos de mando) o el “piso de fango” (todos los lastres que les impiden ascender de las más bajas ocupaciones, y que las hacen resbalar y caer en el desempleo, el subempleo o el trabajo impago).

Tampoco son inventos las diversas formas de violencia estructural y simbólica que reciben las mujeres en la sociedad, sobre todo por parte de las autoridades. Para nadie es un secreto que las denuncias por agresión sexual son casi siempre desestimadas en la instancia policial, que las víctimas son revictimizadas varias veces por policías, fiscales y médicos legistas, y luego también en procesos judiciales en que deben demostrar su inocencia –que no se portó como una puta, que no se exhibió como en vitrina, que se defendió lo suficiente, que denunció a tiempo, etcétera– antes de permitírseles demostrar la culpabilidad de quien las ha agredido, que por lo general reciben un trato benévolo a pesar muchas veces de ser hechos flagrantes. 

Lo mismo, para nadie es un secreto que cuando las víctimas de violación son niñas y salen embarazadas, se orquesta todo un aparato destinado a obligarlas a maternar, a pesar de todas las recomendaciones médicas sobre los riesgos que esto acarrea para todas las menores víctimas de esa agresión sexual –no solo para algunas, no “sujeto a evaluación” – y pese a que en el Perú existe la figura del aborto terapéutico desde hace un siglo, y que ahora se busca derogar o reducir el alcance a casi nadie.

Nada de eso es ideológico. Son realidades ampliamente estudiadas y comprobadas. Lo ideológico es negarlas, como acaba de hacer el Congreso del Perú al eliminar el enfoque de género de las capacitaciones a las que estaban obligados los servidores públicos. ¿Por qué esto es negacionista? Porque el enfoque de género es una forma de prevenir la violencia y las desigualdades contra las mujeres que muchas veces se cometen en las propias oficinas públicas, realidad que niegan.

Los negacionistas le llaman “ideología de género” al enfoque de género porque niegan la realidad de esas violencias y esas desigualdades. Señalan que hay suficientes leyes y derechos reconocidos para las mujeres como para seguir diciendo que tales problemas existen, como si la sola declaración nominal de un derecho fuese suficiente para que este se respetase.

Ciertamente en algunos aspectos declarativos se han producido algunos avances en las últimas décadas para que el suelo esté más parejo para hombres y mujeres, pero en la realidad eso está muy lejos de ocurrir, precisamente porque hay resistencias en hombres y también en mujeres para asimilar e interiorizar esa necesidad de igualdad, y superviven patrones machistas que generan violencias.

La capacitación con enfoque de género permite sensibilizar a las personas en esa realidad, para producir cambios culturales que deriven en un mayor respeto de los derechos ya declarados. Tanto más si esas personas son funcionarios públicos. Pero también es necesario en el ámbito educativo, a fin de que las futuras generaciones puedan interiorizar esa manera de ver las relaciones entre géneros. Es un enfoque hacia el respeto y la consideración de los demás seres humanos, sin distinción alguna.

Pero los negacionistas no quieren eso. Por eso satanizan el enfoque de género llamándole “ideología”. Lo hacen ver como un asunto de “progres”, “caviares” o “wokes” buscando prebendas o negocios, como si la búsqueda de igualdad y de una mentalidad social que respete y considere a todas las personas por igual fuese un defecto y no una virtud. En resumen, los negacionistas quieren mantener una sociedad machista, en que mujeres y niñas –embarazadas y madres– sean violentadas permanentemente, devueltas a sus cocinas y sometidas a los hombres que las rodean. Que sigan trabajando gratis para que el sistema funcione. Ese es su mundo ideal. Y eso sí que no lo podrán negar.

El Heraldo del Perú
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.