Un problema que dejó de ser “percepción”
La desconfianza ciudadana hacia el Congreso se ha vuelto estructural. Encuestas recientes muestran niveles persistentemente bajos de aprobación y señales de deterioro democrático, en línea con los hallazgos regionales de Latinobarómetro sobre caída de la confianza en instituciones legislativas. El patrón peruano destaca por su persistencia y profundidad: el desgaste no es un bache, es la nueva normalidad.
Escándalos que erosionan la legitimidad
En los últimos años, el Legislativo ha acumulado casos que minan su autoridad moral:
- “Los Niños”: presunta trama de congresistas que habrían negociado favores con el Ejecutivo de turno a cambio de cuotas en el MTC y otras ventajas. La etiqueta se volvió sinónimo de mercadeo político y captura de ministerios.
- “Mochasueldos”: cobro ilícito de parte del salario de los trabajadores parlamentarios por algunos congresistas; múltiples investigaciones han expuesto el patrón, instalando la idea de que los despachos son cajas chicas personales.
- Blindajes y autoprivilegios: restitución/ampliación de la inmunidad y normas hechas a la medida, además de proyectos que chocan con estándares de derechos humanos y con el principio de rendición de cuentas, reforzando la percepción de impunidad.
Cuando a ese inventario se suma la agenda reactiva y populista punitiva —leyes que suenan bien en titulares pero fracasan en el terreno—, el resultado es un Parlamento que legisla de espaldas al ciudadano y bloquea políticas públicas basadas en evidencia.
Privilegios sin límites: sueldos dorados y neutralidad a la medida
La desconexión con la realidad ciudadana se refleja hoy en iniciativas que rayan en lo ofensivo:
- Sueldos de más de 35 mil soles que, sumados a bonificaciones, canastas, “gastos de representación” y otros beneficios, podrían superar los 45 mil soles mensuales. Todo esto en un país donde la informalidad laboral afecta al 70 % de la población y el ingreso promedio no alcanza los 2 mil soles.
- Seguro médico cubierto no solo para los congresistas, sino también para toda su familia, como si el erario público fuese un patrimonio privado al servicio de sus privilegios.
- Reforma que los coloca por encima de la neutralidad electoral, permitiéndoles hacer proselitismo incluso en semana de representación. Legal o no, la pregunta ética es contundente: ¿cómo puede un parlamentario fiscalizar al gobierno mientras usa recursos y exposición pública para asegurar su reelección?
Este paquete de medidas desnuda al Congreso como lo que es: una corporación política dedicada a blindar sus intereses antes que a legislar por el bien común.
El Congreso también es seguridad ciudadana (o inseguridad)
Combatir la criminalidad organizada requiere marcos legales coherentes, presupuestos bien orientados y control político serio. Un Parlamento capturado por intereses, o concentrado en blindajes, termina saboteando la lucha contra mafias y economías ilegales por acción (normas a medida) u omisión (falta de control real), amplificando el círculo de violencia e impunidad. Esto no es retórica: cuando el Legislativo envía señales de autoprotección y opacidad, desarma a las instituciones que deben perseguir el delito.
Reforma parlamentaria: la agenda mínima que el próximo presidente debe liderar
No hay salida sin una cirugía mayor. Estas son medidas concretas, factibles y medibles que el Ejecutivo entrante debe priorizar en su Pacto por la Reforma Parlamentaria:
- Vuelta a la bicameralidad con rediseño funcional
- Requisitos de idoneidad y trayectoria para integrar el Senado (comisiones con estándares técnicos).
- Calendario legislativo con doble lectura y consultas públicas.
- Candidaturas e ingreso por mérito, no por chequera
- Primarias internas obligatorias y fiscalizadas por JNE/ONPE.
- Hoja de vida con verificación independiente y causal de pérdida de escaño por falsedad.
- Test de conflicto de interés previo a inscripción.
- Financiamiento político transparente y en tiempo real
- Trazabilidad bancaria de cada sol.
- Portal único con datos abiertos y auditoría continua.
- Sanciones reales: pérdida de escaño/inscripción por desvíos graves.
- Fin a los autoblindajes
- Inmunidad acotada a función legislativa.
- Código de Ética con sanciones efectivas: suspensión, pérdida de presidencias y vacancia por reincidencia grave.
- Calidad regulatoria obligatoria
- Ficha de impacto y costo fiscal para cada proyecto.
- Opinión vinculante del MEF/CEPLAN en normas de gasto.
- “Sunset clauses” y evaluaciones ex post.
- Parlamento abierto, trazable y auditable
- Registro público de lobbies y agendas.
- Voto nominal digital en todas las etapas.
- Regla de “puerta giratoria”: enfriamiento de 2–3 años antes de pasar a empresas reguladas.
- Semana de representación sin proselitismo
- Prohibición expresa de actos partidarios.
- Neutralidad electoral fiscalizada por JNE/Contraloría.
- Itinerario y gastos auditables.
- Profesionalización real del servicio parlamentario
- Concurso público para asesores y técnicos.
- Escuela de formación legislativa con evaluación periódica.
¿Por qué esta reforma es condición de posibilidad?
Porque sin reglas de entrada limpias, sin incentivos correctos y sin control ex ante/ex post, cualquier agenda de seguridad, crecimiento o lucha anticorrupción se desangra en el Congreso. La evidencia comparada lo confirma: cuando el Legislativo se auto-retrinchera con privilegios y amnistías, la democracia se desliza hacia el autoritarismo gris —ese que no necesita cerrar el Parlamento para vaciarlo de sentido—.
Conclusión
Un Congreso que discute cómo aumentarse el sueldo, blindar a su familia con seguros privados y legalizar su campaña con dinero público no es un poder del Estado: es un club cerrado que se sirve a sí mismo con plata ajena.
Por eso, la reforma parlamentaria no es un capítulo más en la agenda: es el punto de partida para recuperar la democracia, combatir la corrupción y garantizar un país más justo y seguro. El próximo presidente, junto a quienes lo acompañan en la lista parlamentaria, deben comprometerse y entender que, sin una reforma parlamentaria, no habrá Perú que salvar.










