Desde las alturas de Apurímac hasta los gélidos paisajes de la Antártida, la bióloga marina Rosby Gómez Farfán está marcando un hito en la investigación científica peruana. Como parte de una expedición internacional, la joven investigadora está analizando las consecuencias del retroceso glaciar en los ecosistemas marinos, una problemática cada vez más urgente debido al cambio climático.
El derretimiento acelerado de los glaciares ha aumentado la descarga de agua dulce en zonas marinas costeras de la Antártida, como la isla Rey Jorge. Este fenómeno podría alterar gravemente el hábitat de especies macrobentónicas, como moluscos, almejas y anémonas de mar. Con el respaldo del Instituto Alfred Wegener de Alemania, la investigadora peruana está analizando cómo estos cambios afectan la calidad del agua, los sedimentos y la biodiversidad marina.
Para la recolección de datos, el equipo de investigación emplea drones equipados con sensores especializados que miden oxígeno, temperatura y salinidad del agua. En diciembre, Gómez coordinó la recolección de muestras de fitoplancton y sedimento en la ensenada Mackellar, mientras que el estudio continúa en la base científica Carlini.
“Esta investigación busca desarrollar modelos predictivos para entender mejor el impacto del deshielo y tomar decisiones informadas que permitan mitigar sus efectos. Es un trabajo que también se podría aplicar en el Perú, donde los glaciares también están retrocediendo de manera preocupante”, explica la científica.
Una vocación impulsada por la curiosidad
Desde su infancia en Apurímac, Rosby Gómez sintió fascinación por los ecosistemas acuáticos. Preguntas sobre la importancia de los lagos y ríos la llevaron a descubrir su pasión por la biología marina, un camino que consolidó al obtener una beca para estudiar en la Universidad Científica del Sur.
Ahora, además de desarrollar su tesis y trabajar como analista de fitoplancton, Gómez tiene claro su objetivo: seguir investigando y contribuir con conocimiento que ayude a enfrentar los desafíos climáticos.
Su mensaje para las nuevas generaciones de científicas es claro: “La perseverancia es clave. A pesar de los desafíos, si algo te apasiona, sigue adelante y nunca dejes de hacer preguntas”.
Su experiencia en la Antártida no solo refuerza su compromiso con la ciencia, sino que también inspira a más jóvenes peruanas a sumarse a la investigación y la conservación del medioambiente.










