En el marco del Día Internacional de la Felicidad, que se celebró hace poco, una nueva publicación del Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico invita a repensar las ideas tradicionales sobre bienestar y desarrollo. El libro Los números de la felicidad en dos Perúes, de los autores Enrique Vásquez, Franklin Ibáñez, Javier Zúñiga y Pedro Mateu, explora cómo viven la felicidad los jefes de hogar en los distritos más ricos y más pobres del país.
Perú figura entre los países menos felices de América Latina, según el Informe Mundial de la Felicidad de la ONU (2024), lo que plantea la pregunta: ¿se trata solo de un tema económico? La investigación sugiere que no es así. A partir de una encuesta basada en una versión adaptada del Oxford Happiness Questionnaire, el libro recoge la percepción de jefes de hogar en cinco distritos con altos niveles de ingresos y cinco en situación de pobreza, encontrando que la felicidad es un fenómeno más complejo y multidimensional.
En términos generales, quienes viven en distritos con mayores recursos tienden a reportar mayor nivel de felicidad. Sin embargo, el bienestar no está condicionado exclusivamente por la capacidad adquisitiva. La estabilidad emocional, el rol dentro de la comunidad, el apoyo familiar y la confianza en el futuro se posicionan como factores igual o más relevantes.
El estudio revela que, en los sectores más pobres, los hombres reportan ser más felices que las mujeres, debido a que ellas suelen asumir una doble carga de trabajo en el hogar y fuera de él. También se observó que el número de hijos incide en el bienestar: en zonas pobres, la felicidad cae a partir del quinto hijo; en zonas ricas, desde el tercero.
Otro hallazgo importante es el significado de la independencia. En los distritos con mayores ingresos, ser independiente se asocia directamente con el bienestar. En los sectores más humildes, el valor radica en la vida comunitaria, donde prácticas ancestrales como el ayni —basada en la reciprocidad— fortalecen los vínculos sociales y aportan al bienestar emocional.
El análisis también encontró diferencias en las relaciones interpersonales. En zonas pobres, la calidad de las amistades es más importante que la cantidad. En contraste, en las zonas ricas hay una tendencia a tener más amigos, pero sin una relación directa con mayores niveles de felicidad. Además, siete de cada diez jefes de hogar en sectores empobrecidos participan activamente en organizaciones sociales, como rondas campesinas, lo que refuerza la cohesión social y la percepción de bienestar.
Los autores sostienen que es necesario repensar las políticas públicas en el Perú para incluir indicadores de felicidad y bienestar, siguiendo ejemplos de países como Bhután, Ecuador o Emiratos Árabes Unidos. Estos lugares han adoptado modelos como la Felicidad Nacional Bruta para medir el desarrollo más allá del Producto Bruto Interno.
Uno de los valores centrales señalados por el estudio es la confianza. Tanto en los distritos ricos como en los pobres, los niveles de felicidad aumentan cuando hay fe en el futuro. Sin embargo, la desconfianza en las instituciones públicas y la inseguridad ciudadana deterioran este vínculo. Recuperar esa confianza es una tarea clave para construir un país más feliz.El libro completo está disponible en la web del Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico y propone una mirada distinta al desarrollo, donde el crecimiento emocional y comunitario importa tanto como el económico.










