En el Perú, las bodegas han sido por décadas un pilar del comercio y la vida cotidiana. Representan más del 70 % del consumo masivo, de acuerdo con un estudio de Kantar de junio de 2025, y hoy son lideradas en un 65 % por mujeres, según datos de la Asociación de Mujeres Bodegueras del Perú. Estas cifras reflejan la magnitud de un sector que no solo mueve la economía, sino que también fortalece el tejido social de los barrios.
Tres emprendedoras de Santa Anita se han convertido en ejemplos de resiliencia e innovación, mostrando cómo las bodegas son espacios de independencia y progreso. Sus historias, difundidas con el apoyo de PepsiCo, visibilizan el rol de los bodegueros en la economía local y en la construcción de comunidades más sólidas.
Elsa Tanta: una bodega para estar cerca de los suyos
Hace cinco años, tras una separación y la necesidad de cuidar a su hija pequeña, Elsa cambió la venta de pinturas por una bodega familiar. Comenzó con pocos productos, pero con determinación. Durante la pandemia, implementó pedidos vía WhatsApp, adaptándose a las nuevas dinámicas de consumo. Hoy, su tienda es un punto de encuentro del vecindario, donde la confianza y el trato cercano marcan la diferencia. Elsa ha participado en capacitaciones sobre reciclaje y liderazgo, y sueña con abrir un segundo local que se convierta en legado para sus hijos.
Yudith De La Cruz: reinventarse después de los 50
Yudith inició su negocio apenas 15 días antes de la pandemia, sin vitrinas y con unas cuantas cajas de productos de limpieza. La adversidad no la detuvo: reforzó la seguridad de su local, priorizó la higiene y se convirtió en un apoyo clave para su comunidad. Cinco años después, su bodega consolidada cubre buena parte de los gastos familiares. “Ahora me siento más empoderada”, afirma. Su meta es transformar su tienda en un market y demostrar a sus hijos que el esfuerzo abre caminos.
Pamela Santiváñez: de heredar un negocio a expandirlo
Pamela asumió el reto de continuar con la bodega familiar tras el fallecimiento de su madre. Con constancia y organización, convirtió el negocio en un referente barrial y amplió sus ingresos con una heladería. Gracias a ello, pudo costear la educación universitaria de su hija mayor. Pamela destaca por conocer a cada cliente y atender sus necesidades de manera personalizada. Tras participar en capacitaciones, derribó mitos sobre los productos que ofrece y ahora transmite confianza con información de primera mano. Su próximo objetivo: abrir un segundo local.
El canal tradicional como motor de desarrollo
Las historias de Elsa, Yudith y Pamela reflejan la fuerza de miles de bodegueras que, día a día, impulsan la economía desde la cercanía con sus comunidades. Sus negocios representan independencia económica, sostenibilidad y oportunidades de superación personal y familiar.
Para PepsiCo, los bodegueros son aliados estratégicos. Su compromiso se traduce en programas de capacitación, acompañamiento en la transformación digital y promoción de prácticas sostenibles. Estas acciones permiten que las bodegas no solo respondan a las necesidades de consumo, sino que también se conviertan en espacios de innovación y confianza.
El impacto de estas experiencias muestra cómo el canal tradicional sigue siendo un motor de progreso en el país. Más allá de la venta de productos, las bodegas son espacios de encuentro, solidaridad y desarrollo comunitario. Con visión y constancia, mujeres como Elsa, Yudith y Pamela demuestran que el emprendimiento puede transformar vidas y contribuir al crecimiento económico y social del Perú.










