Altas temperaturas disparan la proliferación de pulgas y garrapatas en Lima
Las condiciones climáticas registradas en Lima durante diciembre de 2025 han generado un entorno propicio para la aceleración biológica de parásitos externos. El riesgo de infestación por pulgas y garrapatas en animales de compañía puede incrementarse hasta un 80 % durante los meses de calor si no se implementan barreras sanitarias oportunas. Aparte de elevar la sensación térmica en la población, este fenómeno estacional exige una respuesta proactiva por parte de los dueños de mascotas para evitar complicaciones médicas severas.
¿Por qué el calor aumenta el riesgo sanitario?
El incremento de las temperaturas actúa como un catalizador en el ciclo reproductivo de los insectos. Luis Alfredo Chávez, veterinario y jefe técnico comercial de Petmedica, advierte que el clima cálido acelera la multiplicación de estos organismos, exponiendo a los animales a cuadros clínicos que pueden comprometer su bienestar de forma grave.
La capacidad reproductiva de estos vectores es alarmante: una pulga puede depositar hasta 50 huevos por día. Simultáneamente, una sola garrapata adherida al huésped es capaz de transmitir patologías complejas como la ehrlichiosis o la babesiosis. Estas enfermedades, si carecen de atención veterinaria inmediata, tienen el potencial de debilitar sistémicamente al animal e incluso poner en riesgo su vida.
¿Cómo afecta esto a la salud pública y familiar?
Más que un problema exclusivamente veterinario, la presencia de ectoparásitos constituye un riesgo para el núcleo familiar. Las pulgas tienen la capacidad de picar a los humanos y propagar parásitos internos, extendiendo la amenaza más allá de la mascota. Chávez resalta que la desparasitación debe considerarse una medida de salud esencial y permanente, lejos de ser una acción reactiva que se ejecute únicamente al visualizar los insectos o durante la temporada estival.
¿Cuál es la estrategia de prevención más efectiva?
Para contrarrestar este escenario, los especialistas recomiendan establecer un calendario sanitario riguroso. Es clave iniciar la protección externa antes de que se registren los picos de temperatura y mantener la periodicidad del tratamiento a lo largo del año. Dependiendo del fármaco utilizado, la frecuencia de aplicación puede oscilar entre uno y tres meses, siendo necesario consultar al veterinario para ajustar el plan según la edad, peso y estilo de vida del animal.
En este contexto, la elección del producto es determinante. Se aconseja priorizar antiparasitarios de acción integral que ofrezcan cobertura simultánea contra amenazas externas —pulgas, garrapatas y ácaros— e internas, como lombrices y tenias. Soluciones como Atrevia 360, tabletas masticables de administración oral, facilitan el cumplimiento del esquema al combinar ambos espectros de protección en una sola toma.
¿Qué señales indican una posible infestación?
La observación del comportamiento animal es fundamental para la detección temprana. Signos como el rascado constante, la pérdida localizada de pelaje o la irritación dérmica pueden ser indicativos de la presencia de parásitos. Es crucial no esperar a observar los insectos a simple vista para actuar. Las pulgas visibles sobre la mascota representan apenas el 5 % de la población total de la infestación; el porcentaje restante, compuesto por huevos y larvas, se encuentra disperso en el ambiente.
¿Qué rol juega la higiene del entorno?
La estrategia farmacológica debe complementarse con el control ambiental. La limpieza regular de camas, alfombras y zonas de descanso reduce significativamente la carga parasitaria en el hogar. Asimismo, se debe prestar atención a los espacios exteriores, ya que estos organismos suelen habitar en pastizales, jardines y áreas sombreadas.
Como concluye el especialista de Petmedica, seguir un plan preventivo junto al veterinario reduce los riesgos de infestación, protegiendo tanto la salud integral de la mascota como la seguridad sanitaria de la familia.










