La escena fue breve pero poderosa. En medio del solemne adiós al papa Francisco, una figura menuda y serena se recogió ante su ataúd por varios minutos, apartándose del protocolo y captando la atención del mundo. Era Sor Geneviève Jeanningros, religiosa francesa de las Hermanitas de Jesús, amiga cercana del pontífice argentino, con quien compartía una historia atravesada por el dolor y la esperanza.
Nacida en 1943, Geneviève conoció al entonces arzobispo Jorge Mario Bergoglio en 2005, tras regresar del entierro de su tía, la también monja Léonie Duquet, víctima de la dictadura argentina. Duquet fue secuestrada y asesinada en 1977 en uno de los llamados “vuelos de la muerte”, pero su cuerpo fue devuelto por el mar ese mismo año y enterrado en una fosa común. Décadas más tarde, Bergoglio autorizó que sus restos descansaran en la iglesia de Santa Cruz, lugar donde había sido detenida.
Aquella ausencia de autoridades eclesiásticas en el funeral de su tía la llevó a escribirle una carta a Bergoglio, quien respondió de inmediato. A partir de ahí, nació una relación basada en la empatía, que continuó cuando él se convirtió en papa y ella, ya afincada en una comunidad de feriantes en el litoral romano, empezó a colaborar con sus iniciativas sociales.
Durante la pandemia, Sor Geneviève actuó como enlace entre Francisco y comunidades vulnerables, incluyendo feriantes sin ingresos y mujeres trans latinoamericanas que recibieron apoyo directo del pontífice. “Siempre le escribía un pequeño mensaje para decirle a quién llevaba. Era justo que lo supiera”, relata la monja en un video difundido por su congregación.
Reacia a entrevistas, Geneviève prefirió contar su historia en sus propios términos, a través de un canal de YouTube creado recientemente. En él repasa su vínculo con Francisco, su dolor ante la complicidad de sectores de la Iglesia con la dictadura argentina y su esperanza en una Iglesia que, como decía el papa, “salga a las periferias”.
La última vez que vio con vida al pontífice fue en la plaza de San Pedro, la víspera de su muerte. La imagen de su despedida silenciosa junto al féretro resume una historia íntima, pero profundamente simbólica, sobre justicia, memoria y una fe que no olvida.









