Un reciente estudio pone el foco en una realidad que afecta directamente la economía de los hogares peruanos: el gasto en medicamentos representa uno de los desembolsos más significativos dentro del presupuesto familiar. Según el informe Gasto de bolsillo y equidad financiera en el acceso a medicamentos en América Latina: Tendencias y desafíos: 2010-2020, desarrollado por el investigador Rafael Cortez del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), el 40% del gasto en salud en los hogares peruanos se destina exclusivamente a la compra de medicamentos, con un promedio de S/1.500 anuales por familia.
Este gasto de bolsillo —denominado así por ser un pago directo sin reembolso ni cobertura por seguros de salud— se concentra principalmente en los sectores más pobres de la población, que además invierten un mayor porcentaje de sus ingresos en medicinas. Cortez subraya que este patrón de gasto genera un riesgo financiero severo, especialmente ante tratamientos de alto costo.
El análisis también alerta sobre el acceso desigual: una cuarta parte de la población peruana no está afiliada a ningún seguro de salud. Entre quienes sí lo están, los asegurados a EsSalud o seguros privados llegan a tener un mayor gasto absoluto en salud, aunque el Seguro Integral de Salud (SIS) logra aliviar parcialmente esta carga en poblaciones vulnerables.
Entre las barreras más comunes para acceder a medicamentos figuran la falta de establecimientos cercanos, el desabastecimiento en farmacias —tanto públicas como privadas— y la falta de recursos económicos para asumir los costos. Además, el 30% de quienes presentan síntomas o enfermedades no acuden a ningún centro médico, lo cual demuestra la magnitud de la brecha entre necesidad y atención efectiva.
A nivel regional, Perú mantiene un nivel de gasto directo en salud del 15%, lo que lo sitúa mejor que países como Venezuela (63%) o Guatemala (54%), pero lejos aún de modelos más equitativos como el de Costa Rica. En este país centroamericano, el acceso universal y equitativo a medicamentos se ha logrado gracias a una eficiente gestión del presupuesto de salud y una red articulada de servicios, más que por un mayor poder adquisitivo.
Para Cortez, la solución no pasa únicamente por aumentar el presupuesto destinado a salud, sino por mejorar radicalmente la eficiencia de su uso. Enfatiza la necesidad de diseñar políticas que aborden no solo la compra, sino también la logística, distribución y regulación de los medicamentos. “No basta con tener los recursos. Hay que saber utilizarlos con eficacia, y eso requiere una gestión orientada a resultados”, afirma.
El estudio concluye con una serie de recomendaciones, entre ellas, generar acuerdos con el sector farmacéutico para facilitar el acceso a tratamientos de alto costo, fortalecer la regulación del mercado de medicamentos y promover innovaciones en la gestión de recursos sanitarios. Estas medidas son claves para garantizar que las personas más vulnerables accedan a los tratamientos necesarios sin caer en situaciones de empobrecimiento por motivos de salud.










