Estos recursos permiten monitorear el estado de los ecosistemas, optimizar el uso del territorio y promover inversiones enfocadas en la conservación y recuperación de los recursos naturales.
Identificación de ecosistemas clave
El estudio identificó 13 ecosistemas terrestres, 2 acuáticos y 6 zonas intervenidas, además de su estado de conservación. Entre los principales destacan bosques secos, matorrales andinos y ecosistemas de yunga, así como sistemas frágiles como páramos, bofedales y lagunas, fundamentales para la provisión de agua.
Zonas degradadas y prioridades de intervención
El análisis determinó que más de 500,000 hectáreas presentan degradación, especialmente en ecosistemas como la jalca y los bosques secos de montaña.
Esta información permitirá focalizar acciones de recuperación y orientar esfuerzos hacia las áreas más críticas.
Base técnica para una gestión sostenible
La construcción de estos mapas se desarrolló mediante un proceso técnico participativo, integrando información especializada para mejorar la toma de decisiones.
Con estas herramientas, se busca consolidar una gestión territorial más eficiente, enfocada en la conservación de la biodiversidad y la recuperación de áreas degradadas en beneficio de la población.










