La Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (Sunat) atraviesa una de las etapas más inestables de su historia reciente. Con la designación de Edward Víctor Tovar Mendoza como nuevo jefe, el gobierno de Dina Boluarte acumula cinco cambios en la máxima jefatura en apenas 34 meses, una cifra que triplica el promedio histórico y que, según expertos, afecta la estabilidad y planificación del sistema tributario peruano.
Cinco jefes en menos de tres años
Desde el inicio del actual gobierno, la Sunat ha tenido una rotación constante en su liderazgo. Tras la salida de Luis Enrique Vera Castillo, quien permaneció en el cargo desde marzo de 2020 hasta marzo de 2024, el puesto fue ocupado sucesivamente por Gerardo López Gonzales (7 meses), Víctor Mejía Ninacóndor (5 meses y medio), Marilú Llerena (7 meses) y ahora Edward Tovar Mendoza.
En total, cinco superintendentes en menos de tres años, frente al promedio de dos por periodo presidencial registrado entre 2001 y 2021, lo que evidencia un nivel inusual de rotación en una institución considerada clave para la política fiscal del Estado.
Precedentes y continuidad histórica
Desde el gobierno de Alejandro Toledo (2001–2006) hasta el de Pedro Castillo (2021–2022), la Sunat tuvo 13 superintendentes en siete administraciones. Algunos, como Tania Quispe o Luis Vera, lograron mantenerse durante casi todo un mandato, garantizando continuidad institucional. Otros, en cambio, duraron menos de un año.
La actual gestión rompe esa tendencia, situándose como una de las más volátiles de las últimas dos décadas.
Impacto en la gestión tributaria
Para el abogado tributarista David Zamora, esta sucesión de cambios compromete la efectividad del sistema fiscal. “Cada recambio trae nuevos enfoques y prioridades, lo que desestabiliza los proyectos estratégicos y retrasa la consolidación de políticas clave”, explicó.
Entre las iniciativas afectadas se encuentran la modernización aduanera, la digitalización de procesos y los programas de lucha contra la evasión y el contrabando, todos considerados pilares de la reforma tributaria.
“El liderazgo de la Sunat requiere consistencia y una visión de largo plazo. Con tantos cambios, se pierde continuidad técnica y se debilita la confianza tanto de los contribuyentes como de los inversionistas”, añadió Zamora.
Un desafío para la institucionalidad
La Sunat recauda más del 90 % de los ingresos tributarios del país, por lo que su dirección resulta esencial para el equilibrio fiscal y la ejecución de políticas públicas. En este contexto, la alta rotación en la jefatura genera inquietud sobre la sostenibilidad de los objetivos institucionales y la autonomía técnica del organismo.
La estabilidad de la administración tributaria, advierten los especialistas, es un factor determinante para mantener la credibilidad económica del Perú y garantizar que los cambios políticos no afecten el cumplimiento de las metas de recaudación y fiscalización.










