La inseguridad ciudadana se ha convertido en una carga cada vez más pesada para miles de pequeños negocios en el Perú. Las bodegas, uno de los principales motores del comercio barrial, enfrentan hoy un escenario marcado por la extorsión, el miedo y el aumento constante de sus costos operativos.
Según la Asociación de Bodegueros del Perú, el 99% de sus asociados ha sufrido algún episodio de extorsión en los últimos años, una cifra que revela la dimensión del problema y el impacto directo que tiene sobre la economía de los pequeños comerciantes.
En el país operan más de 535 mil bodegas, muchas de las cuales atraviesan una situación financiera complicada por el dinero que deben destinar a protegerse. Cámaras de seguridad, rejas reforzadas, personal de vigilancia y, en algunos casos, pagos de cupos a bandas criminales forman parte de los nuevos gastos que deben asumir para seguir funcionando.
El presidente de la Asociación de Bodegueros del Perú, Andrés Choy, advirtió que la extorsión se ha vuelto una amenaza persistente y que numerosos comerciantes viven atemorizados. Según indicó, hay socios que han sido extorsionados hasta en tres ocasiones y que, pese a los reclamos ante la policía, no encuentran una respuesta efectiva.
El temor es tal que muchos prefieren no hablar públicamente del tema por miedo a represalias o a que las exigencias económicas de los delincuentes aumenten. La criminalidad, en ese contexto, ha empezado a condicionar incluso la manera en que los pequeños empresarios se relacionan con su entorno.
Desde el sector pyme, la preocupación es similar. Julio Surco, presidente de la Asociación Pyme Perú, alertó que el sobrecosto derivado de la inseguridad puede alcanzar hasta S/ 7,000 mensuales en vigilancia privada y equipamiento de seguridad, una cifra que puede resultar asfixiante para negocios de menor escala.
La situación también se refleja en testimonios concretos. El propietario de un minimarket en Comas, que pidió mantener su identidad en reserva por ser víctima de amenazas desde hace seis meses, aseguró que destina al menos S/ 500 mensuales en medidas básicas de protección, principalmente cámaras de seguridad.
Para los gremios, la extorsión dejó de ser un hecho aislado y se convirtió en una carga permanente que altera la operación diaria de miles de emprendedores. Se trata de gastos que antes no existían y que hoy se suman al costo de mantener abierto un negocio en medio de un entorno económico difícil.
Los representantes del sector consideran que esta situación se agravó después de la pandemia y cuestionan la falta de resultados visibles de las políticas de seguridad aplicadas en los últimos años. Aseguran que, pese a las reuniones con autoridades, la criminalidad avanza y el comerciante termina asumiendo solo el impacto económico.
A este panorama se suma otra preocupación: la posibilidad de un incremento del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC). Aunque el Ministerio de Economía y Finanzas descartó un nuevo aumento, los gremios de bodegueros y microempresarios pidieron que cualquier cambio futuro sea discutido y aprobado únicamente por el Congreso.
Julio Surco sostuvo que un alza tributaria afectaría directamente a las empresas formales y terminaría trasladándose al bolsillo del consumidor mediante mayores precios. Desde su perspectiva, el Gobierno debería priorizar la lucha contra la informalidad y la reactivación económica antes de imponer nuevas cargas.
Los bodegueros advierten que un eventual aumento del ISC impactaría sobre todo en productos de alta rotación, como bebidas y otros bienes de consumo masivo que representan una parte importante de sus ventas diarias.
En su evaluación, un ajuste de ese tipo podría enfriar el consumo, reducir la facturación de los negocios formales y abrir más espacio al contrabando y a la informalidad, en un momento en que el pequeño comercio ya enfrenta demasiadas presiones.
La combinación de extorsión, sobrecostos en seguridad y temor a nuevas cargas tributarias configura un escenario complejo para miles de bodegas y emprendimientos que hoy sobreviven con márgenes cada vez más reducidos.










