Presentar un examen de admisión puede generar ansiedad y estrés en los jóvenes, afectando su bienestar si la presión es excesiva. Según Rubén Verde, psicólogo del MIMP, algunos adolescentes experimentan insomnio o cuadros de ansiedad debido al temor al examen. La exigencia de los padres y colegios, aunque bien intencionada, puede intensificar esta tensión, olvidando que cada persona tiene su propio ritmo de aprendizaje.
Para manejar esta ansiedad, es clave reconocer las señales de alerta, como dificultades para dormir o cambios en la alimentación. Ante estos síntomas, Verde recomienda buscar apoyo profesional y recordar que el examen no define el futuro de nadie. Tomarse un tiempo adicional o recibir orientación vocacional puede ayudar a reducir la presión y tomar decisiones más alineadas con los intereses del estudiante.
Es fundamental que las familias acompañen este proceso sin imponer decisiones ni generar expectativas inalcanzables. La preparación es necesaria, pero nunca debe ir en contra del bienestar emocional. Priorizar la salud mental y fomentar un enfoque equilibrado entre el estudio y el autocuidado hará que los jóvenes enfrenten esta etapa con mayor confianza.










