Bajo un cielo claro y un silencio respetuoso roto solo por campanas y oraciones, el féretro del papa Francisco fue trasladado este miércoles en solemne procesión desde la residencia de Santa Marta hasta el corazón del cristianismo: la Basílica de San Pedro. Allí permanecerá hasta el viernes para recibir el último adiós de los fieles, antes de su funeral el sábado 26 de abril.
El cortejo fúnebre comenzó a las 9:00 a.m., recorriendo plazas y pórticos del Vaticano ante la mirada emocionada de unas 20 mil personas. El ataúd, sencillo y de madera como él lo pidió, fue llevado a hombros por los sediarios pontificios, precedido por cardenales y seguido por sus colaboradores más cercanos. El cardenal camarlengo, Kevin Joseph Farrell, bendijo los restos ante la multitud: “Con gran conmoción acompañamos a nuestro querido papa Francisco”.
La escena más conmovedora del día la protagonizó la hermana Geneviève Jeanningros, una monja de 81 años que rompió el protocolo y se acercó al féretro entre lágrimas. La religiosa, a quien el papa solía llamar ‘enfant terrible’ por su labor con comunidades marginadas, oró en silencio junto al cuerpo del pontífice, reflejando una relación de profunda cercanía y complicidad.
Desde las 11:00 a.m., la basílica abrió sus puertas al público. Se formaron largas filas, con fieles de todas partes del mundo que aguardaban pacientemente para presentar sus respetos. El templo permanecerá abierto hasta la medianoche del miércoles, reabrirá el jueves a primera hora y cerrará el viernes por la tarde para preparar el rito del cierre del féretro.
El funeral será presidido por el cardenal Giovanni Battista Re en la Plaza de San Pedro, donde se espera la presencia de al menos 200 mil personas. Estarán presentes líderes mundiales como los presidentes Donald Trump, Javier Milei y Emmanuel Macron, además de los Reyes de España, Felipe VI y Letizia.
Cumpliendo su voluntad, Francisco será enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, en una tumba sencilla, “en la tierra, sin decoración particular”, con una sola inscripción: Franciscus. Así lo dejó escrito en su testamento, reafirmando una vida marcada por la humildad y la cercanía con los últimos.









