Cada 9 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Agricultura, una fecha que pone en relieve la importancia de esta actividad ancestral en la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible.
En este contexto, el Perú cumple un rol estratégico gracias a sus zonas de agrobiodiversidad, áreas reconocidas por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) por su riqueza cultural, ecológica y genética. En estos espacios, las comunidades indígenas y campesinas mantienen vivas las tradiciones agrícolas, conservan cultivos nativos y contribuyen a la adaptación frente al cambio climático.
Actualmente, el país cuenta con ocho zonas de agrobiodiversidad, entre ellas el Parque de la Papa en Cusco, Cotahuasi en Ayacucho y Ccollasuyo en el Cusco. Estos territorios no solo aseguran la conservación de cultivos como la papa, la quinua o el maíz, sino que también promueven el desarrollo local mediante actividades como el agroturismo, ferias de semillas y proyectos de conservación in situ.
El reconocimiento como zona de agrobiodiversidad otorga beneficios concretos: asistencia técnica priorizada, incentivos para la conservación, inclusión en mapas oficiales y oportunidades de dinamizar la economía local.
De esta forma, el Perú reafirma su condición de país megadiverso y centro de domesticación de cultivos de importancia global, con un compromiso compartido entre Estado y comunidades para proteger el patrimonio agrícola de las futuras generaciones.










